lunes, marzo 9, 2026
CrónicasExperiencias

Jorge Drexler nos da una noche de asilo de música y de poesía

El cantautor uruguayo ofreció un magnífico concierto acompañado de su banda. La gira Salvavidas de hielo deslumbró con un espectáculo muy completo en la Sala Teatro Atlántida de Arrecife.

El pasado sábado, 17 de marzo, vivimos un concierto especial, de esos que no quieres que se acaben nunca y de los que te sorprenden con cada canción. ‘Salvavidas de hielo’ de Jorge Drexler, es un disco en el cual solamente ha utilizado la guitarra para producir las melodías y percusiones. A priori, suena a experimento o un reto difícil de lograr. Pues, Drexler ha conseguido que sea un álbum increíble, con letras brillantes, delicadas, actuales, utópicas y personales. Pero no sólo ha logrado materializarlo en 11 canciones. Lo verdaderamente grande de todo, es que lo ejecuta a las mil maravillas en cada uno de sus conciertos de esta gira, convirtiendo el escenario y la sala en un lugar mágico. Un sitio de asilo donde conviven personas, historias, canciones, música, sonidos e incluso el ‘Silencio’. Todo bajo el amparo de una boca de guitarra enorme y sus 6 cuerdas como único contacto con el exterior. Y en ese espacio suceden cosas extraordinariamente únicas durante más de dos horas con Jorge como nuestro guía.

‘Movimiento’ fue la canción elegida para abrir el concierto y darnos las bienvenida. A partir de ese instante nos adentramos en un viaje de canciones, sentimientos y melodías acompañadas de espectaculares efectos de luces. Durante ese trayecto, del cual nos avisó que no obedecía ningún patrón establecido de ritmos ni de emociones, nos dejamos llevar por su exquisito repertorio. Nos reencontramos con canciones de ‘Frontera’, uno de sus primeros discos, nos tomamos un vuelo ‘transoceánico’ y  nos perdimos por las calles de arena del Cabo Polonio, en una noche cerrada donde la única luz era la de su faro, iluminándonos y dejando pasar ‘12 segundos de oscuridad’ entre cada destello. En este paseo por Sudamérica también hubo tiempo para visitar Venezuela y ejercer la triste tarea de ‘Despedir a los glaciares’. Sin embargo, en Rasquí ibamos a bailar aislados de cualquier pena con la complicidad de su luna.  Nos trasladamos en el tiempo a la Bolivia’ de 1979 que nos recibió con los brazos bien abiertos y nos dijo que sí.

Caminamos por Madrid en su compañía y amamos la trama’ de este concierto, pero también su desenlace. Pasamos por varios momentos álgidos de distintas emociones y llegamos al ‘nadir’ del espectáculo donde Jorge se quedó solo con su guitarra para cantarnos lo efímero de que puede ser el amor, como un ‘Salvavidas de hielo‘. Y cuando se nos encogía el corazón, el público eligió ‘Soledad’ y ‘La milonga del moro judío’ para seguir en una atmósfera algo melancólica y más íntima.  En ese carrusel rítmico que continuaba, también hubo varios homenajes. ‘Pongamos que hablo de Martínez’, la canción dedicada a Joaquín Sabina por aquella noche que cambió su vida. ‘Alto el fuego’ interpretada con un trío de cuerdas recordando a Zitarrosa, uno de los más grandes del folclore de Uruguay y ‘Free fallin’ de Tom Petty haciendo una preciosa combinación con ‘Antes’. Afortunadamente, ese salvavidas no se derretía y nos hizo vivir una experiencia singular con ‘Silencio’, nos conquistó con su poesía, con sus décimas, con la magia de ‘Abracadabras’, nos dio ‘Asilo’ con una ranchera existencial bajo un manto de estrellas y nos enamoramos en épocas diferentes con ‘Telefonía’ y ‘Estalacticas’.

Poco a poco fuimos llegando al final de este viaje comandado por un gran artista que además de su música, compartió anécdotas, vivencias, bromas y se mostró muy cercano, interactuando las personas, tal y como es siempre. Eso sí, escoltado por una banda compuesta de excelentes músicos que realizan un directo fantástico. Tal es así, que hicieron levantar a todo el público de sus asientos para terminar ‘Bailando en la cueva’ contagiados de la buena energía del cantante que sorprendió dejando su guitarra de lado y soltándose para ‘bailar, bailar, bailar…’. Cuando ya todo parecía finalizado, Jorge nos tenía guardada la última canción, ‘Quimera’. Así se despidió de Lanzarote, con toda la sala haciendo palmas en clave de candombe y dejando este bonito mensaje de despedida, para seguir soñando y buscando alcanzar sueños aunque parezcan imposibles.
​Gracias Jorge por darnos esta noche de asilo con un regazo de canciones y poesía.

Galería completa del concierto de Jorge Drexler

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